El Suspiro del Moro es una leyenda de Granada, Andalucía, ES —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de El Suspiro del Moro?
Ubicación
Granada, Andalucía, ES
Tipo de leyenda
Cuento popular
Coordenadas
37.07, -3.65
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de El Suspiro del Moro?
Al sur de Granada, a 865 metros de altitud y en la vieja carretera de las Alpujarras, hay un puerto llamado el Suspiro del Moro: el punto donde, según la tradición, Boabdil, último sultán nazarí de Granada, se volvió para mirar la Alhambra por última vez y rompió a llorar, y donde su madre le contestó con el reproche más famoso del folclore español. La historia no es un invento, pero casi nada de ella resiste la verificación en la forma en que la contamos. La versión impresa más antigua que se puede fechar es una carta de fray Antonio de Guevara, obispo de Guadix, impresa en 1539, y allí el reproche es colectivo, va dirigido al rey y a sus caballeros juntos, y lo dice la madre a los suyos mientras cabalga por delante, de modo que Boabdil no llegó a oírlo. La frase que citamos de verdad aparece por primera vez en Luis del Mármol Carvajal, en 1600, atribuida a unos moriscos viejos que decían haber estado presentes. Y el historiador árabe al que suele adjudicarse el relato, al-Maqqarī, narra la marcha con detalle y no trae suspiro ninguno.
El lienzo de Francisco Pradilla sobre la escena, pintado entre 1879 y 1892. Ilustra el eslabón decimonónico de la cadena, no el puerto: el reproche que representa se imprime por primera vez en Mármol Carvajal, en 1600.
Imagen:
Francisco Pradilla y Ortiz · Public domain
¿Cuál es la historia de El Suspiro del Moro?
El puerto llamado el Suspiro del Moro está a 865 metros de altitud, en el término municipal de Villa de Otura, sobre la vieja carretera de Granada a la costa, justo en la divisoria donde la Vega de Granada desaparece a la espalda del viajero y se abre por delante el Valle de Lecrín. La leyenda que lleva pegada es de las más repetidas de España: Boabdil, Muhammad XII, último sultán nazarí de Granada, se detiene aquí camino del destierro, vuelve la cara para mirar la Alhambra, llora, y su madre lo derriba con una sola frase. Como literatura, la frase es perfectamente real. Lo que sigue es un intento de fecharla.
Primero la cronología dura. Las capitulaciones para la entrega de Granada se firmaron en Santa Fe el 25 de noviembre de 1491 y las tropas cristianas entraron en la ciudad el 2 de enero de 1492. Sobre la fecha en que Boabdil salió realmente, las fuentes no se ponen de acuerdo, y el desacuerdo importa, porque la leyenda funde los dos días en uno. Mármol Carvajal sitúa entrega y marcha el mismo 2 de enero. El relato árabe que Pascual de Gayangos tradujo del Nafḥ al-ṭīb de al-Maqqarī dice que el sultán salió de la Alhambra el 2 de rabí I del año 897, que Gayangos convierte en 3 de enero de 1492. Y Guevara, el más antiguo de los tres, lo dice sin rodeos: Boabdil partió «otro día después que se entregó la ciudad y el Alhambra al rey Fernando». Dos de los tres testimonios más viejos ponen la salida al día siguiente de la entrega, no en ella.
Vamos con la escena. La aparición impresa más antigua que he podido leer y fechar no es árabe ni es una crónica: es una carta de fray Antonio de Guevara, obispo de Guadix y después de Mondoñedo, predicador y cronista de Carlos V, dirigida al cortesano Garci Sánchez de la Vega e impresa entre sus Epístolas familiares desde 1539. Guevara la sitúa en su propio presente: anda de visita inquisitorial por los distritos moriscos recién bautizados, sube «un recuesto, encima del cual se pierde la vista de Granada y se comienza la del Val de Lecrín» —descripción exacta de este puerto— y un morisco viejo que lo acompaña le pide que pare y le cuenta la historia en un castellano roto que Guevara transcribe con intención cómica.
En la versión de Guevara hay tres cosas que después se han perdido, y no son pequeñas. El reproche es colectivo: «Justa cosa es que el rey y los caballeros lloren como mujeres, pues no pelearon como caballeros». No va dirigido a Boabdil: la madre iba delante, le dijeron que el rey y los caballeros se habían parado a llorar, dio un palo a la yegua en que iba y lo dijo a los suyos. Y Boabdil no se enteró hasta más tarde: el morisco de Guevara añade que su señor decía muchas veces que, si allí mismo lo hubiera sabido, «o se mataran allí unos a otros, o se volvieran a Granada a pelear con los cristianos». Guevara cierra contando que al día siguiente le refirió el caso al emperador, y que Carlos V le contestó que muy gran razón tuvo la madre del rey y ninguna tuvo el hijo, «porque yo, si fuera él, o él fuera yo, antes tomara esta Alhambra por mi sepultura». Carlos V e Isabel de Portugal residieron en la Alhambra del 4 de junio de 1526 a diciembre de aquel año, lo que sitúa el episodio.
Sesenta y un años después, Luis del Mármol Carvajal da en el libro primero de su Historia del rebelión y castigo de los moriscos del reyno de Granada (Málaga, 1600) la versión que de verdad citamos, y es cuidadoso con la procedencia de un modo que sus repetidores no serán. Primero recoge una versión según la cual Boabdil volvió a entrar en la ciudad, y luego dice que «unos moriscos muy viejos, que según ellos decían se hallaron presentes aquel día, nos certificaron» la otra. En la suya, Boabdil llega «a un viso que está cerca del lugar del Padul, que es de donde últimamente se descubre la ciudad», vuelve a mirarla, «comenzó a sospirar reciamente, y dijo Alauaquibar», y «viéndole su madre sospirar y llorar, le dijo: Bien haces, hijo, en llorar como mujer lo que no fuiste para defender como hombre». Y acto seguido registra el topónimo, que no es el nuestro: «Después llamaron los moros aquel viso el Fex de Alauaquibar en memoria deste suceso», el puerto de Dios es grande.
El resto de la cadena es corto y rastreable. José Antonio Conde (1820) conserva el reproche de Mármol y el nombre árabe Feg Allah huakbar, y añade un discurso consolatorio del visir Yusuf Aben Comixa. Washington Irving, en el capítulo XCIX de A Chronicle of the Conquest of Granada (1829), funde a los dos: la fórmula de Mármol, el visir de Conde y los dos topónimos soldados en una sola frase. Irving traducido es la versión que viajó, y de ahí la escena pasa a la novela romántica española, donde Manuel Fernández y González la usó en al menos tres libros entre 1849 y 1860.
El topónimo se puede fechar aparte del relato. Según el periodista granadino Gabriel Pozo Felguera, «Suspiro del Moro» aparece por primera vez en castellano en los Anales de Granada de Francisco Henríquez de Jorquera, redactados aproximadamente entre 1620 y 1643, y queda fijado administrativamente en 1752, cuando el secretario de Otura, al redactar el Catastro del Marqués de la Ensenada, anota que la Venta del Suspiro está a tres leguas de Granada. El puerto fue una venta de carretera antes de ser un monumento a nada.
Cronología: los hechos documentados de El Suspiro del Moro
25 de noviembre de 1491Boabdil y los Reyes Católicos firman en Santa Fe las capitulaciones para la entrega de Granada. El relato árabe que traduce Gayangos cuenta sesenta y siete artículos en el tratado; la tradición castellana cuenta setenta y siete.
2 de enero de 1492Entrega de Granada. Mármol Carvajal la fecha con precisión y, a diferencia de los repetidores posteriores, hace que Boabdil salga ese mismo día camino de Andarax, tras haber enviado por delante a su familia.
3 de enero de 1492El relato árabe que traduce Gayangos fecha la salida del sultán de la Alhambra el 2 de rabí I de 897, el día siguiente a la entrega. Guevara coincide: Boabdil partió «otro día después». Ninguno de los dos textos trae suspiro, mirada atrás ni reproche.
1526Fray Antonio de Guevara, en visita inquisitorial por los distritos moriscos, cruza el recuesto «encima del cual se pierde la vista de Granada y se comienza la del Val de Lecrín», y un morisco viejo le cuenta la historia. Carlos V e Isabel de Portugal residieron en la Alhambra del 4 de junio a diciembre de aquel año; Guevara dice que al día siguiente se lo refirió al emperador.
1539La carta de Guevara a Garci Sánchez de la Vega entra en imprenta entre las Epístolas familiares: la versión impresa más antigua que se puede fechar. El reproche es colectivo, lo dice la madre a los suyos mientras cabalga por delante, y no llega a oídos de Boabdil hasta mucho después.
1600Luis del Mármol Carvajal imprime la versión que de verdad citamos, atribuida a «unos moriscos muy viejos, que según ellos decían se hallaron presentes aquel día». Y da el nombre del puerto, que es árabe: el Fex de Alauaquibar, el puerto de Dios es grande.
h. 1620-1643Francisco Henríquez de Jorquera redacta sus Anales de Granada, en los que, según el periodista Gabriel Pozo Felguera, aparece por primera vez en castellano el nombre «Suspiro del Moro», más de un siglo después del suceso que conmemora.
1752Al redactar el Catastro del Marqués de la Ensenada, el secretario de Otura anota que la Venta del Suspiro está a tres leguas de Granada. El topónimo pasa a ser administrativo: el puerto era una venta de carretera en activo antes que un lugar de memoria.
1820José Antonio Conde conserva el reproche de Mármol y el topónimo árabe Feg Allah huakbar, y añade algo nuevo: un discurso consolatorio del visir Yusuf Aben Comixa, que le dice al rey que las grandes desventuras hacen a los hombres tan famosos como las prosperidades.
1829Washington Irving funde la cadena en el capítulo XCIX de A Chronicle of the Conquest of Granada: la fórmula de Mármol, el visir de Conde y los dos topónimos soldados en una sola frase. Esta es la versión que, traducida, llevó la leyenda por el mundo.
1863 y 1868Se publica al fin la relación de Hernando de Baeza: primero Joseph Müller en Múnich, después la Sociedad de Bibliófilos Españoles en Madrid. El único autor que convivió con la madre de Boabdil dejó una escena en la que ella llora y suplica a su hijo que no vaya a morir peleando. Ahí se corta su texto, sin acabar.
3 de diciembre de 2025La Diputación de Granada presenta el Plan Director de la Ruta de Boabdil: 32 municipios, 27 granadinos y 5 almerienses, 16.119.620 euros con cargo a fondos FEDER y la accesibilidad integral como principio rector. Otura, y este puerto, son el punto de partida.
¿Hay una explicación racional para El Suspiro del Moro?
El expediente escéptico de esta leyenda no depende de opiniones: se levanta leyendo por orden a quienes estuvieron delante.
Hernando de Baeza es el testigo más próximo que tiene la historia. Castellano, sirvió a Boabdil de intérprete y mediador, vivió cuatro años en Granada en trato diario con el rey, con su madre, con su mujer y con su hija, y escribió su relación ya entrado el siglo XVI. Quedó manuscrita hasta que Joseph Müller la publicó en Múnich en 1863 y la Sociedad de Bibliófilos Españoles la imprimió en Madrid en 1868. Su relato se interrumpe sin acabar —los dos manuscritos conservados, el del Escorial y el de Osuna, se cortan en el mismo punto— y donde se corta es en una escena entre Boabdil y su madre en la que los papeles son exactamente los contrarios de los de la leyenda. Boabdil se ha armado para salir a morir peleando antes que dejar tomar la ciudad con una estratagema; la madre se ase de él, llora y lo disuade. Él dice: «muy mejor es morir de una vez, que viviendo morir muchas veces». Ella responde: «verdad es, hijo, lo que decís, si solamente vos muriésedes, y todos se salvasen, y la cibdad se libertase; mas tan gran perdición es muy mal hecho». El único autor que la trató la retrata suplicando por la ciudad contra una última carga suicida.
Y en sus páginas ella no tiene nombre. En todo el volumen de 1868 la palabra «Aixa» aparece exactamente dos veces, y las dos en el prólogo del editor decimonónico, nunca en el texto de Baeza; Baeza escribe «su madre», «la madre del rrey», «la reyna». El nombre que nuestra descripción le ponía en la boca se lo pusieron editores y novelistas.
Segundo, al-Maqqarī. Suele decirse que el origen árabe del relato está en su Nafḥ al-ṭīb. No lo está. En la traducción de Gayangos, tomo II, el relato va sin cortes del hambre y las negociaciones a la salida del sultán de la Alhambra el 3 de enero de 1492, a la orden de Fernando de instalarse en Andarax, a la añagaza con que lo pasaron a África, a su desembarco en Melilla, a su vida en Fez, a su muerte allí el año 940 de la Hégira y a sus descendientes reducidos a la mendicidad. No hay suspiro, ni mirada atrás, ni madre, ni reproche en ninguna parte. Rastreado el volumen entero, 378.000 palabras, «sighed», «like a woman» y «looked back» dan cero, y la madre de Boabdil no aparece nunca. El control en esas mismas páginas es denso —Andarax, Melilla, Purchena, las Alpujarras, la fecha hegiriana, los nombres de los dos hijos—, así que el pasaje está entero y el cero es de verdad.
Tercero, una atribución muy repetida que se cae. La escena suele adjudicarse a Hernando del Pulgar, cronista de los Reyes Católicos. El texto impreso a su nombre sí la trae, y merece leerse, porque también ahí es distinta: Boabdil, el día de la entrega, rechaza dos honores de costumbre, se va a su casa, que era en la alcazaba, y «entró llorando lo que había perdido: e díxole su madre, que pues no había seydo para defenderlo como home, que no llorase como muger». Dentro de la ciudad; sin puerto; y el reproche es una prohibición —que no llore— y no la invitación sarcástica que todo el mundo cita. Pero esos capítulos no son de Pulgar, y lo dice el editor de 1780 en la propia página: faltan en el manuscrito del Escorial, «a la verdad no parecen de Pulgar», serán parte de una Adición que sigue en varios manuscritos, y el doctor Galíndez de Carvajal, que tuvo la crónica original en su poder, «afirma expresamente que Pulgar solo escribió hasta el año noventa». La crónica se detiene en 1490 y no llega nunca al asedio.
Lo que queda no es un fraude sino una migración literaria documentada, y con mecanismo. La escena se muda de dentro de Granada a un puerto de montaña con Guevara en 1539; el reproche pasa de prohibición a pulla; en Guevara todavía es colectivo y dicho a espaldas del rey, y solo con Mármol, en 1600, se convierte en la frase cara a cara que citamos. Hasta la redacción que hoy se imprime —un imperativo, «llora como mujer lo que no supiste defender como hombre»— es una compresión moderna: todas las versiones legibles de los siglos XVI al XIX son una concesión sarcástica, «bien haces en llorar», no una orden. La frase antigua le da desprecio a la madre; la moderna le da un mandato.
Si este es siquiera el puerto correcto es otra cuestión, y sigue abierta. Historiadores locales han defendido otras salidas de la Vega, por el cerro del Manar pasando por Dílar o hacia el oeste por La Malahá, y el propio texto de Mármol solo dice «un viso cerca del Padul». Lo que da Guevara no es un nombre sino una prueba topográfica: el repecho donde se pierde Granada y empieza el Valle de Lecrín. Esa prueba encaja con este puerto. Y encaja también con que a nadie le hizo falta inventar el sitio: era una venta en activo en el camino de la costa, y la carretera, en su trazado actual, no se abrió hasta 1839.
¿Se puede visitar El Suspiro del Moro?
El Suspiro del Moro es un puerto de carretera, no un monumento; es público y gratuito. Está a 865 metros de altitud, en el término municipal de Villa de Otura, provincia de Granada, sobre la antigua carretera de Bailén a Motril camino del Valle de Lecrín y de las Alpujarras; hoy la autovía A-44 se lleva el tráfico de paso por al lado. OpenStreetMap sitúa el puerto en 37,0704 / -3,6504, coordenada que coincide con la de la Wikipedia en español con unos 65 metros de diferencia.
Conviene avisar de lo que hay y de lo que no, porque las guías son optimistas. A fecha de agosto de 2026, la propia página de patrimonio del Ayuntamiento de Otura describe el puerto y cuenta la leyenda, pero no menciona mirador, ni monumento, ni escultura, ni centro de interpretación. Dos noticias locales sobre la apuesta turística del propio municipio, de febrero y de abril de 2022, describen igualmente proyectos y no describen nada construido. En febrero de 2022 el alcalde, Nazario Montes, anunció un centro de interpretación sobre Boabdil como proyecto a medio plazo con fondos europeos, junto con un hermanamiento con Fez; no he encontrado constancia de que se haya inaugurado. Hay un restaurante de carretera veterano que lleva el nombre, en la carretera de Bailén a Motril, y otros negocios de carretera, pero ningún equipamiento de visita dedicado a la leyenda.
El proyecto grande sí es real y tiene fecha. El 3 de diciembre de 2025 la Diputación de Granada presentó el Plan Director de la Ruta de Boabdil, un itinerario por 32 municipios —27 granadinos y 5 almerienses— que sigue el camino del último sultán hacia la costa, con un presupuesto de 16.119.620 euros con cargo a fondos FEDER y con la accesibilidad integral, física, sensorial y cognitiva, como principio declarado. Otura es el punto de partida. Si la visita se organiza alrededor de la leyenda y no alrededor del coche, ese plan es lo que hay que mirar antes de salir.
Lo que el sitio ofrece de verdad es lo que Guevara describió en 1526, y no cuesta nada: este es el punto en que Granada se te va de la vista por detrás y se te abre el Valle de Lecrín por delante. En día claro se ven la ciudad y la Alhambra abajo, en la Vega, antes de cruzar. Ven desde el lado de Granada, para perder la vista en lugar de ganarla, que es de lo que va la historia entera, y abrígate: a 865 metros el puerto es frío y está expuesto en invierno.
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