La Cueva Encantada de Don Rodrigo es una leyenda de Toledo, Castilla-La Mancha, ES —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.
¿De dónde viene la leyenda de La Cueva Encantada de Don Rodrigo?
Ubicación
Toledo, Castilla-La Mancha, ES
Tipo de leyenda
Mito
Coordenadas
39.859, -4.024
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN
¿Cuál es la leyenda de La Cueva Encantada de Don Rodrigo?
En la Estoria de España de Alfonso X, redactada hacia 1270-1289, hay en Toledo un palacio que llevaba cerrado desde tiempo de muchos reyes. Rodrigo, el último rey godo, lo manda abrir porque cree que dentro hay un gran tesoro. Encuentra un arca, y en el arca un paño pintado con hombres tocados y a caballo, con espadas, ballestas y señas alzadas, y letras latinas que avisaban de que, forzadas aquellas cerraduras, gentes como aquellas entrarían en España y serían señores de ella. La crónica cierra la escena con el rey arrepentido, mandando cerrar el arca y el palacio como estaban antes. En ese capítulo no hay Hércules, ni cueva, ni torre, ni nombre de mujer: todo eso se añadió después, y se sabe quién. Hércules y el rito del candado por rey los pone la crónica portuguesa de 1344; la cueva la suelda Pedro de Alcocer en Toledo en 1554; la torre y el nombre de Florinda los inventa Miguel de Luna en su falsa historia de 1592. Lo que hoy se puede visitar, gratis, es un depósito de agua romano bajo una calleja toledana.
Las bóvedas romanas bajo el callejón de San Ginés, en Toledo, llamadas Cueva de Hércules al menos desde 1554, cuando Pedro de Alcocer soldó el relato de las crónicas a este sitio real. Fotografía de Carlos Delgado, 2015.
Imagen:
Carlos Delgado · CC BY-SA 4.0
¿Cuál es la historia de La Cueva Encantada de Don Rodrigo?
La leyenda tiene una puerta cerrada en el centro, y la puerta se mueve. En el texto más antiguo en que hemos podido leerla es la puerta de una casa, sin ciudad; seis siglos después es un palacio de Toledo; seis siglos más tarde es una cueva, y enseguida una torre. Cada uno de esos desplazamientos tiene autor y fecha, y la cadena entera se puede poner por escrito.
La versión más vieja que hemos leído es egipcia y del siglo IX. Ibn Abd al-Hakam, muerto en 871, la da como tradición recibida de su padre Abd Allah y de Hisham ibn Ishaq, y la separa expresamente de su relato principal. En la traducción inglesa de John Harris Jones (1858) dice: «Había una casa en al-Ándalus cuya puerta estaba asegurada con candados, y a la que cada nuevo rey del país ponía un candado suyo, hasta la subida al poder del rey contra el que marcharon los musulmanes. Le rogaron entonces que pusiera un candado, como habían acostumbrado los reyes anteriores. Pero él se negó diciendo: no pondré nada en ella hasta que sepa lo que hay dentro; y mandó abrirla; y he aquí que dentro había retratos de los árabes y un escrito que decía: 'cuando esta puerta se abra, esta gente invadirá este país'». Eso es todo. Ni Toledo, ni tesoro, ni arca, ni paño, ni Hércules, y el rey ni siquiera lleva nombre.
La versión árabe amplia, ya con Toledo dentro, llega al lector español por al-Maqqari, a quien Emilio Lafuente y Alcántara tradujo en los apéndices de su edición del Ajbar Machmua (1867). Allí la casa está en Toledo, la guardan hombres de confianza y Rodrigo —«hombre investigador, despierto e inteligente»— rompe los cerrojos «creyendo que iba a encontrar allí riquezas». Dentro hay una caja, y en la caja un rollo de pergamino con árabes pintados con sus turbantes, montados en caballos de pura sangre, armados de espadas y arcos, con sus banderas en las lanzas. Rodrigo se arrepiente y manda volver a colocar los cerrojos.
La Estoria de España de Alfonso X, compilada entre 1270 y 1289 aproximadamente, da la versión que España recuerda. El capítulo 553 de la edición de Menéndez Pidal se titula «De como el rey Rodrigo abrio el palacio que estaua cerrado en Toledo» y dice: «En la cibdad de Toledo auie estonces un palacio que estidiera siempre cerrado de tiempo ya de muchos reys, et tenie muchas cerraduras, e el rey Rodrigo fizol abrir «por que cuedaua que yazie y algun grand auer»». Dentro, un arca; dentro del arca, un paño con letras latinas que decían que cuando aquellas cerraduras fuesen quebrantadas y el arca y el palacio abiertos, gentes como las pintadas en el paño entrarían en España, la conquistarían y serían señores de ella. Los hombres del paño llevan las cabezas cubiertas de tocas, van a caballo, y traen espadas, ballestas y señas alzadas. Y el capítulo termina con el detalle que las versiones posteriores dejan caer: al rey «pesol mucho por que el palacio fiziera abrir, e fizo cerrar ell arca et el palacio assi como estauan de primero».
Dos cosas no están en ese capítulo. No está Hércules, y no está la costumbre del candado por rey. Las dos llegan con la Crónica geral de Espanha de 1344 y su refundición de hacia 1400, donde doce guardianes se presentan al recién coronado Rodrigo y le piden, conforme a la voluntad de Hércules, que añada su candado a la puerta del «palacio de Hércules»; y donde, como expone James Donald Fogelquist, la hija del conde recibe por primera vez el nombre de la Caba. La Crónica del rey don Rodrigo de Pedro del Corral, escrita hacia 1430 e impresa en 1499, difundió esa forma como libro de caballerías.
La cueva entra en 1554, en Toledo, y se puede poner el nombre de quien la metió. Pedro de Alcocer, que escribe la primera historia impresa de la ciudad, describe en su libro primero la gran cueva del cerro que los griegos habrían dedicado a Hércules, y añade que los godos, incapaces de acabar con lo que allí se practicaba, «cerraron la puerta con fuertes cerraduras, que el rey don Rodrigo mandó después quebrantar, creyendo que avía dentro grandes tesoros». Más adelante, en ese mismo libro, cierra la soldadura: «Deste rey escriven nuestros Cronistas, que hizo abrir aquella cueva de Hércules, que diximos al principio, que estava en esta cibdad: a que otros llaman Palacio». Para Alcocer la cueva es la cosa y «palacio» es como lo llaman otros: el término de las crónicas ha pasado a ser el secundario.
La torre entra en 1592, y también tiene autor. Miguel de Luna, intérprete de Felipe II, publicó en Granada La verdadera hystoria del rey don Rodrigo, haciendo pasar su propia invención por traducción de un testigo árabe, «el sabio Alcayde Abulcacim Tarif Abentariq». Su capítulo sexto saca la escena de la ciudad: «A una milla de la ciudad de Toledo a la parte Oriental, entre unos peñascos, avía una torre antigua de sumptuoso edificio... debaxo della a quatro estados estava una cueva». Sobre la puerta, letras griegas prometen que el rey que la abra «descubrirá bienes y males»; dentro hay una estatua de bronce sobre un pilar de tres codos que golpea el suelo con una maza, y cuatro inscripciones, de las que la de la espalda dice «A Árabes invoco». La torre se hunde esa misma medianoche. Luna es además quien da a la hija del conde el nombre con que hoy la conoce todo el mundo: Florinda, que aparece siete veces en su primera edición y en ningún texto anterior que hayamos leído.
Cronología: los hechos documentados de La Cueva Encantada de Don Rodrigo
712 (fecha que da la Estoria de España)La crónica de Alfonso X sitúa el primer año del reinado de Rodrigo en la era de 750, «quando andaua ell anno de la Encarnacion en sietecientos et doze», y el primer desembarco musulmán dos años después. La historiografía moderna suele fechar la derrota de Rodrigo en 711.
antes de 871Ibn Abd al-Hakam, muerto en 871, recoge la versión más antigua que hemos podido leer: una casa en al-Ándalus con un candado añadido por cada rey, abierta por el último, con retratos de los árabes y un aviso escrito. Toledo no se nombra.
h. 1270-1289El capítulo 553 de la Estoria de España de Alfonso X sitúa el episodio en un palacio de Toledo, da a Rodrigo el móvil del tesoro, añade el arca y el paño con letras latinas, y termina con el rey mandando cerrarlo todo otra vez.
1344, y su refundición de h. 1400La Crónica geral de Espanha de 1344 convierte el edificio en «el palacio de Hércules», introduce los doce guardianes y el rito del candado, y es la primera obra en que la hija del conde Julián se llama la Caba.
h. 1430, impresa en 1499La Crónica del rey don Rodrigo de Pedro del Corral reescribe la leyenda como libro de caballerías. Tuvo al menos ocho ediciones entre 1499 y 1587, y acabó copiada, en otra letra, dentro del manuscrito toledano de la Crónica del moro Rasis.
1554Pedro de Alcocer, en la primera historia impresa de Toledo, identifica el palacio sellado de las crónicas con la cueva de Hércules real de la ciudad: «aquella cueva de Hércules... a que otros llaman Palacio». Es la soldadura más antigua entre relato y lugar que hemos encontrado.
1592Miguel de Luna publica en Granada su falsificada Verdadera hystoria del rey don Rodrigo, que traslada la escena a una torre encantada a una milla al este de Toledo con una cueva debajo, añade la estatua de bronce y las cuatro inscripciones, y da a la hija del conde el nombre de Florinda.
1605 (leído en la tirada de 1617)Francisco de Pisa niega la identificación dos veces por escrito: la cueva de San Ginés «no es aquella que abrió o quebrantó el Rey don Rodrigo». Aunque la sustituye por la torre de Luna. Registra además el nombre Florinda como de Luna, y la Cava como insulto árabe que significa «mala muger».
1736Feijoo informa de que «algunos creen» que el palacio era aquella cueva, y de que el arzobispo Silíceo la hizo registrar con hachas encendidas: no hallaron más que grandes murciélagos. Varios murieron poco después, lo que Feijoo atribuye al aire viciado. Silíceo mandó tapiar la entrada.
1841Se derriba la iglesia de San Ginés, documentada desde 1148 y cerrada durante el siglo XVIII. Sobre las bóvedas romanas se levantan viviendas que fragmentan el conjunto.
1850, impresa en 1852Pascual de Gayangos publica el texto castellano conservado de la Crónica del moro Rasis y advierte que el reinado de Rodrigo en el códice toledano es una añadidura posterior, en otra letra, tomada del libro de caballerías de Corral.
18 de enero de 2008Las Cuevas de Hércules son declaradas Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
2010El Consorcio de la Ciudad de Toledo termina la restauración y abre el sitio a las visitas, con entrada gratuita. Sigue abierto desde entonces.
¿Hay una explicación racional para La Cueva Encantada de Don Rodrigo?
La frase que nuestra propia ficha entrecomillaba —«el rey que esto abriere, grandes cosas verá, mas antes de que el año se cumpla, este reino será destruido»— no está en ninguna de las obras a las que se atribuía, y no la hemos encontrado en ninguna obra. Lo que dicen los textos se puede cotejar renglón a renglón. Ibn Abd al-Hakam: «cuando esta puerta se abra, esta gente invadirá este país». La Estoria de España: que cuando aquellas cerraduras fuesen quebrantadas y el arca y el palacio abiertos, gentes como las pintadas entrarían en España, la conquistarían y serían señores de ella. Feijoo, parafraseando en 1736: «Por esta gente será en breve destruida España». Y Miguel de Luna, el único cuya redacción empieza como la nuestra: «El Rey que abriere esta cueva, y pudiere descubrir las maravillas que tiene dentro, descubrirá bienes y males». Tres de los cuatro no ponen plazo alguno, y ninguno habla de un año.
Las dos obras que nuestra ficha nombraba como fuentes son precisamente aquellas en las que el episodio es más difícil de encontrar. En la Crónica del moro Rasis castellana conservada, tal como la imprimió Pascual de Gayangos, el relato sencillamente no está: en las 15.000 palabras de la parte de historia árabe no hay una sola «cerradura», «cerrojo», «arca» ni «pintado», mientras que en ese mismo tramo Toledo sale 21 veces, Rodrigo 10 y Tarif 25. Gayangos advirtió además que el códice toledano de la crónica trae la historia del rey Rodrigo añadida en otra letra, copiada de un libro de caballerías —la Crónica de Corral—, y que los demás manuscritos pasan directamente a la historia árabe sin ella. El Ajbar Machmua, citado a menudo como testigo antiguo, tampoco lo tiene: en las 53.000 palabras de la crónica propiamente dicha no hay casa cerrada, ni caja, ni nada pintado, y Toledo aparece 33 veces y Rodrigo 8. El pasaje que todo el mundo cita de ese libro está en los apéndices de Lafuente y Alcántara, y es de al-Maqqari, un compilador del siglo XVII.
La identificación del relato con la cueva de San Ginés la rechazó por escrito un toledano, en Toledo, cincuenta y un años después de hacerse. Francisco de Pisa, al describir la cueva en el libro primero de su Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo (1605), escribe: «Hase de advertir que esta cueva no es aquella que abrió o quebrantó el Rey don Rodrigo, pensando hallar en ella grandes tesoros», y en el libro segundo lo repite: «este palacio que avemos dicho (que otros llaman cueva) no es aquella de Hércules... sino otro muy diferente». Su argumento, eso sí, no vale más que su fuente: lo que propone en su lugar es la torre de Miguel de Luna, que es una falsificación de 1592.
El escéptico más útil es Benito Jerónimo Feijoo, en 1736. Deja constancia de que «algunos creen» que el palacio encantado era aquella cueva —es decir, que 182 años después de Alcocer la identificación seguía siendo una opinión y no un hecho— y cuenta qué pasó cuando alguien entró a mirar. El arzobispo Silíceo, escribe, «la hizo registrar por muchos hombres, que entraron, y discurrieron por ella muy despacio con hachas encendidas; pero no dieron noticia de otra cosa, sino de que había en su concavidad grandes murciélagos». Algunos de aquellos hombres murieron poco después, y Feijoo lo atribuye sin titubear «al infecto ambiente de la Cueva». Silíceo mandó tapiar la entrada. Feijoo acredita todo esto a Los reyes nuevos de Toledo de Cristóbal Lozano, y ahí no hemos podido seguirle: en la reimpresión madrileña completa de 1734, 212.894 palabras en cuatro libros, Silíceo aparece una vez como arzobispo y «murciélago» no aparece ninguna, con Toledo 618 veces e Ildefonso 16 en el mismo fichero. El registro pudo muy bien ocurrir; la cita, en la edición que hemos podido leer, no se sostiene. La fecha de 1546 que hoy circula no está en Feijoo y no hemos logrado anclarla a ninguna fuente antigua.
Y lo que hay bajo la iglesia está documentado y no tiene misterio. El catálogo de patrimonio de Castilla-La Mancha registra un depósito de agua romano de la segunda mitad del siglo I d. C., parte de la red hidráulica de Toletum, rectangular, de unos seis metros de ancho por once y medio de largo y cuatro de alto, forrado después con sillería de granito y dividido por tres arcos, con un edificio visigodo, una mezquita y la iglesia de San Ginés del siglo XII superpuestos. La iglesia se documenta desde 1148, se cerró en el siglo XVIII y se derribó en 1841.
¿Se puede visitar La Cueva Encantada de Don Rodrigo?
El sitio al que la leyenda apunta hoy está abierto y es gratuito. Las Cuevas de Hércules ocupan el callejón de San Ginés, una calleja del casco histórico de Toledo, en el solar de la derribada parroquia de San Ginés; el Consorcio de la Ciudad de Toledo da el número 3, y una ficha municipal más antigua, los números 2-3. El Consorcio es el propietario, terminó de restaurarlas en 2010 y las mantiene abiertas desde entonces. Fueron declaradas Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, el 18 de enero de 2008. La entrada es gratuita.
Las dos páginas oficiales siguen discrepando en el horario, leídas ambas el 22 de septiembre de 2026. La del propio Consorcio dice «martes a sábados 12 a 14 y de 16 a 18 horas». La oficina municipal de turismo dice «Días de cierre: domingo y lunes. Horario: martes a sábado de 10:00 a 14:00h y de 16:00 a 20:00h». Las dos dan el mismo teléfono, el 925 25 30 80, del Centro de Gestión de Recursos Culturales. Ninguna de las dos indica la accesibilidad del descenso, que baja por debajo del nivel de la calle hasta un depósito romano.
Lo que hay abajo es un depósito de agua romano de la segunda mitad del siglo I d. C., con bóveda de cañón, forrado después con sillería de granito y partido a lo largo por tres arcos de granito, bajo una estructura moderna de metal y vidrio. Unos paneles explican la secuencia arqueológica: aljibe, edificio visigodo, mezquita, iglesia del siglo XII. El espacio acoge además exposiciones temporales de arte contemporáneo.
Las otras dos direcciones de esta leyenda quedan fuera de toda visita. El palacio de la Estoria de España es un objeto literario sin más localización que «la cibdad de Toledo». La torre encantada de Miguel de Luna, «a una milla de la ciudad de Toledo a la parte Oriental», hacia la Huerta del Rey, está descrita en una falsificación impresa en 1592 y se derrumba en el mismo capítulo que la describe.
💬 Testimonios de campo (0)
Aún no hay testimonios. Añade el primero.
Añade tu testimonio
🔒 Entra para dejar un testimonio