📜 LEYENDA · EXP. Nº3657 ACTIVO

La Cueva de Salamanca

La Cueva de Salamanca es una leyenda de Salamanca, Castilla y León, ES —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de La Cueva de Salamanca?

Ubicación
Salamanca, Castilla y León, ES
Tipo de leyenda
Mito
Coordenadas
40.965, -5.668
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de La Cueva de Salamanca?

Bajo la desaparecida iglesia de San Cebrián, en Salamanca, se abre una cripta que la leyenda popular convirtió, desde la Edad Media, en una escuela secreta de magia y nigromancia dirigida por el mismísimo Diablo. Según cuenta la tradición, cada año se matriculaban siete alumnos para aprender las artes oscuras, con la condición de que el último en salir pagara la enseñanza con su propia alma, o al menos con su sombra. La leyenda suele vincularse a Enrique de Villena, noble y erudito real del siglo XV cuyo interés por la astrología y el saber oculto escandalizó tanto a sus contemporáneos que, tras su muerte, se dice que la Iglesia quemó parte de su biblioteca por sospechosa. Cuentan que el propio Villena estudió en la cueva y fue el único alumno lo bastante astuto para engañar al Diablo: dejó que otro compañero saliera el último, de modo que ese pobre hombre 'se quedó sin sombra' para siempre, marcado desde entonces como quien había aprendido brujería bajo tierra. Hubiera clases reales o solo rumores, la vieja ciudad universitaria de Salamanca, la más antigua de España, sigue señalando la cueva clausurada como el supuesto origen de la magia negra española.
La Cueva de Salamanca, Salamanca, Castilla y León, España
Imagen: íbice · CC0

¿Cuál es la historia de La Cueva de Salamanca?

Hay una Cueva de Salamanca y no es una cueva. Lo que se visita hoy en la cuesta de Carvajal, al pie de la torre llamada del Marqués de Villena, es la cripta bajo la capilla mayor de una iglesia desaparecida: la parroquia de San Cebrián —San Ciprián—, fundada por repobladores francos hacia mediados del siglo XII y documentada desde 1156. Estaba metida en el trazado de la primera muralla medieval, y su ábside hacía de cubo defensivo sobre el postigo de San Ciprián. Como el terreno cae en picado desde el teso de las catedrales, la cripta quedaba enterrada por un lado y descubierta por el otro, y para llegar a ella había que bajar por una escalera abovedada de pizarra «unos veinte y tantos pasos». Esa escalera y esa penumbra son toda la «cueva». El testimonio directo más antiguo que hemos podido leer es de un viajero alemán. Hieronymus Münzer, médico de Núremberg que recorrió la Península en el último cuarto del siglo XV, anotó en su diario, bajo el epígrafe De specu Nigromantiae: «Est una specus subterranea magna… Et super eam stat una capella beati Cipriani… Vulgus variis deliramentis de hoc antro loquitur». Hay una gran cueva subterránea, encima se levanta una capilla de san Cipriano, y el vulgo habla de este antro con toda clase de desvaríos. Con la iglesia todavía en pie, la cripta ya se enseñaba a los forasteros y la leyenda ya estaba montada. Lo que vino después fue un derribo administrativo. Manuel Villar y Macías, que trabajó sobre las informaciones de la supresión para su Historia de Salamanca (1887), lo cuenta seco: la parroquia, «hallándose ruinosa», se agregó en 1580 a la de San Pablo, y «cuatro años después vendieron casi toda su piedra en 160 ducados para la obra de la Catedral». En 1584 cayeron el ábside y la mitad de la cripta. La otra mitad aguantó, con su bóveda y los vestigios de los peldaños, y fue bajando de categoría: trastero de un palacio vecino, almacén de una panadería y, ya en el siglo XX, carbonería. La leyenda, entretanto, tenía forma fija ya en el siglo XVI: en la cripta se enseñaban las artes prohibidas a siete alumnos durante siete años, y al cabo se echaba a suertes cuál de los siete pagaba por todos; el que no podía pagar quedaba preso allí abajo. Quién era el maestro depende de quién lo cuente —un sacristán, un bachiller o el diablo en persona—, y la versión más antigua que hemos leído ya venía desmontada. Es la de Diego Pérez de Mesa, catedrático de matemáticas que cursó en Salamanca hacia 1560: «De la Universidad de Salamanca finge el vulgo la cueva… en donde entraban debajo de tierra siete estudiantes á estudiar por siete años, aprendiendo el arte mágica de una cabeza de alambre». Y añadía la explicación que le dieron en la ciudad: un cetre de San Ciprián enseñaba artes vedadas a escondidas detrás del altar mayor. Enrique de Villena (1384-1434) entra en el relato por su fama, no por su biografía. Fue conde de Cangas y Tineo y maestre de Calatrava, perdió ambas dignidades y acabó de señor de Iniesta por merced real; el marquesado que reclamaba nunca lo obtuvo, de modo que el título por el que se le conoce se lo puso la literatura. Al morir, Juan II mandó traer sus libros y encargó a fray Lope de Barrientos que mirase si había «bien çinquenta volumenes de libros de malas artes» y los quemase. Barrientos lo hizo, en Santo Domingo el Real de Madrid, y él mismo lo escribió después sobre uno de aquellos volúmenes: «este es el libro aquel que tú, como Rrey cristianísimo, mandaste a mí, tu siervo y fechura, que lo quemase a vueltas de otros muchos». Juan de Mena lloró la hoguera en el Laberinto de Fortuna: «Perdió los tus libros sin ser conosçidos, / e cómo en esequia te fueron ya luego / unos metidos al ávido fuego». Eso bastaba para que una ciudad universitaria le adjudicara la cueva. Pero sus biógrafos nunca han documentado que Villena pisara las aulas salmantinas, y el manuscrito antiguo que publicó Feijoo fecha los hechos «por los años 1322», sesenta años antes de que naciera. El rastro literario es lo que mantuvo viva la historia. En 1615 Cervantes publicó, entre sus Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, el entremés de La cueva de Salamanca: un estudiante refugiado en un pajar presume de «la ciencia que aprendí en la Cueva de Salamanca… si se dejára usar sin miedo de la santa Inquisicion», y con esa sola fama convierte en «demonios» al sacristán y al barbero, que son en realidad los amantes de la casa. La cueva no aparece nunca en escena: le basta con ser un rumor. Juan Ruiz de Alarcón, bachiller en cánones por Salamanca en 1600, la llevó a los corrales en su comedia homónima, representada en palacio el 9 de julio de 1623 e impresa en 1628: allí el maestro ya no es el diablo sino un sabio llamado Enrico, y en los versos finales el dramaturgo fija los dos motivos que la leyenda no soltaría, «por qué dicen que engañó / el gran Marqués de Villena / al demonio con su sombra… Dicen que entregó su cuerpo / a una redoma pequeña». Rojas Zorrilla volvió al asunto en Lo que quería ver el marqués de Villena (1645), y en 1733 Botello de Moraes publicó una desatada Historia de las cuevas de Salamanca que anota, de paso, el dato prosaico: «La cueva está tapiada, como V. Merced ha visto». El viaje más raro que hizo esta leyenda fue cruzar el Atlántico y dejar de ser un nombre propio. En el noroeste argentino —Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Tucumán—, en Chile y en Uruguay, salamanca pasó a ser un sustantivo común: la cueva donde el diablo enseña. Y el puente no es una suposición: está argumentado desde 1896, cuando Daniel Granada dedicó dos capítulos de su Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata a las «salamancas» y escribió que el nombre «no es otra cosa etimológicamente que el nombre sustantivado de la antigua y célebre ciudad», recordando expresamente aquella «cueva llamada de San Cebrián». Granada describía ya el rito entero: hay que «tener coraje y meterse dentro de la salamanca», a cuya entrada aguarda «una terrífica serpiente», y quien se atreve sale sabiendo tocar bien la guitarra o no errar un tiro. Juan Alfonso Carrizo, en el Cancionero popular de Salta (1933), añadió el crucifijo de la puerta al que hay que escupir para pasar. Y Berta Elena Vidal de Battini, que reunió treinta y ocho versiones del relato en 1984, lo resumió en una línea: «Para el pueblo, la Salamanca es el aquelarre». Conviene decir que el asunto se discute desde el principio. En 1907 Ricardo Rojas rechazaba en El país de la selva la explicación universitaria —«semejante hipótesis no es aceptable: la tradición americana y la propia universidad tomaron su nombre de la misma ciudad histórica»—, aunque en 1943, al publicar su drama La Salamanca, escribiese que allí «el diablo español asimiló al Zupay indio». Y la historiografía actual desplaza el problema: Judith Farberman, que localizó la mención de archivo más antigua —un proceso de 1761 en el pueblo de indios de Tuama, Santiago del Estero—, sostiene que la salamanca americana es un producto mestizo, heredera de las «juntas y borracheras» indígenas, y no un préstamo limpio. Un último detalle, contra lo que repite media internet: el Diccionario de la lengua española no define salamanca como cueva de brujas, sino sólo como «cueva natural que hay en algunos cerros» en Argentina, Chile y Uruguay. La brujería está en la etimología: «por alusión a la Universidad de Salamanca, donde, según la creencia popular, se enseñaba magia».

Cronología: los hechos documentados de La Cueva de Salamanca

  1. 1434 Muere Enrique de Villena. Juan II encarga a fray Lope de Barrientos revisar su biblioteca por si hay «bien çinquenta volumenes de libros de malas artes» y quemarlos. La hoguera, y no la cueva, es el origen de su fama mágica.
  2. Hacia 1495 El médico de Núremberg Hieronymus Münzer anota el lugar en su diario bajo el epígrafe De specu Nigromantiae: una gran cueva subterránea bajo una capilla de san Cipriano, de la que «el vulgo habla con toda clase de desvaríos».
  3. 1580-1584 La parroquia, ruinosa, se suprime y se agrega a la de San Pablo; cuatro años después casi toda su piedra se vende por 160 ducados para la Catedral Nueva, y caen el ábside y la mitad de la cripta.
  4. 1595 Diego Pérez de Mesa, que estudió en Salamanca hacia 1560, imprime la refutación más antigua conservada: el vulgo «finge» la cueva, y el maestro era un cetre de San Ciprián que enseñaba detrás del altar mayor.
  5. 1600 El demonólogo jesuita Martín del Río escribe que le enseñaron «una profunda cripta, vestigio de aquella nefanda escuela», cegada «hace apenas cien años» por la reina Isabel. Es la única fuente conocida del episodio, y nada lo corrobora.
  6. 1611 Sebastián de Covarrubias, antiguo colegial salmantino, recoge la historia en su Tesoro de la lengua castellana o española y la despacha en cuatro palabras: «Esto tengo por fábula».
  7. 1615 Cervantes publica el entremés de La cueva de Salamanca. La cueva no aparece nunca en escena: es una fama que el estudiante explota, presumiendo de lo que aprendió allí «si se dejára usar sin miedo de la santa Inquisicion».
  8. 9 de julio de 1623 Se representa por primera vez en palacio la comedia La cueva de Salamanca de Ruiz de Alarcón; se imprime en 1628. Sustituye al diablo por un sabio humano, Enrico, y sus versos finales fijan los dos motivos que la leyenda conservó: la sombra perdida y la redoma.
  9. 1645 Rojas Zorrilla estrena Lo que quería ver el marqués de Villena, ambientada en la Salamanca estudiantil, con un mago llamado Fileno y los siete discípulos reducidos a cuatro.
  10. 1736 Feijoo dedica un discurso de su Teatro crítico universal a las cuevas de Salamanca y Toledo. Buscó documentación y no halló «sino fábulas sobre fábulas, y contradicciones sobre contradicciones».
  11. 1761 Primera aparición conocida de la palabra americana en un archivo: un proceso en el pueblo de indios de Tuama, Santiago del Estero, donde las procesadas describen salamancas con un viborón que les pide sangre, fandango, arpa y guitarra.
  12. 1896 Daniel Granada dedica dos capítulos de su estudio sobre las supersticiones del Río de la Plata a las «salamancas» y argumenta el origen español de forma explícita, recordando la cueva «llamada de San Cebrián». Ricardo Rojas discute la versión universitaria en 1907.
  13. 1993 Tras la excavación y restauración de principios de los noventa, el recinto abre al público como zona arqueológica que reúne los restos de la iglesia, la Cerca Vieja y la torre. La intervención se publica en Numantia por Misiego Tejeda y colaboradores.
  14. 2026 La intervención municipal de 46.402 € contra las humedades crónicas del enclave, la tercera en apenas siete años tras las de 2019 y 2021, se da a finales de junio por prácticamente finalizada.

¿Hay una explicación racional para La Cueva de Salamanca?

La leyenda lleva desmontada más de cuatrocientos años, y quienes la desmontaron eran gente de la casa. El primero que hemos leído es Sebastián de Covarrubias, antiguo colegial salmantino, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611): «parece aludir a la fábula de que en Salamanca se enseñaba la encantación y arte de nigromancia, en una cueva que se llama de san Cebrián. Esto tengo por fábula». Merece párrafo aparte el dato que hoy repite todo el mundo, incluida la ficha oficial del Ayuntamiento: que fue Isabel la Católica quien mandó tapiar la cueva al saber que allí se practicaban ritos ocultos. Ese dato tiene una única fuente conocida, y no es un documento: es el jesuita Martín del Río, que en sus Disquisitionum magicarum libri (Lovaina, 1600) escribe que, estando él en la ciudad, «se me enseñó una profunda cripta, vestigio de aquella nefanda escuela, mandada cegar con cemento y piedra hace apenas cien años por la reina Isabel». Un demonólogo, un siglo después de los hechos, contando lo que le enseñaron. Mónica Marcos Celestino, que peinó el corpus entero de la leyenda, deja constancia expresa de que ese aserto no ha podido encontrarlo «corroborado en ninguna parte». No hay cédula real ni acta municipal. Lo documentado es mucho más aburrido: parroquia suprimida por ruinosa en 1580, piedra vendida en 1584 para la Catedral Nueva. La demolición completa, sin embargo, es la de Benito Jerónimo Feijoo, en el discurso «Cuevas de Salamanca, y Toledo, y Mágica de España», del tomo VII del Teatro crítico universal (1736). Feijoo se lo tomó en serio: escribió a dos maestros de su orden en Salamanca pidiéndoles que buscaran algún documento, y lo único que consiguió fue la relación de un catedrático llamado Juan de Dios, sacada de un manuscrito antiguo. Su veredicto sobre el resto es célebre: «Yo procuré apurar el origen de esta noticia; pero no hallé sino fábulas sobre fábulas, y contradicciones sobre contradicciones». Su explicación del mecanismo sigue siendo la mejor disponible. Los magos paganos, razona, celebraban sus ritos en cuevas; y corría además la especie de que tras la conquista musulmana se habían enseñado artes mágicas en Toledo, Sevilla y Salamanca. «Es verosímil, pues, que juntando el vulgo una noticia con otra… sin otro fundamento destinase para Escuelas de ellas las Cuevas de Toledo, y Salamanca». Dos ideas sueltas, un local subterráneo real y una universidad con fama europea: no hace falta nada más. Del pacto diabólico se burla sin piedad: «¡Ridícula quimera! Como si el demonio pudiese padecer una ilusión, en que no puede caer el niño más inocente». Y si el sacristán sabía de verdad artes mágicas, «¿qué necesidad tenía del mísero estipendio, que le tributaban los discípulos?». Lo único verosímil que queda es esto: «Sólo que el Sacristán engaitase a los muchachos con algunos juegos de manos, que sabía; y por enseñárselos les sacase los cuartos que pudiese. Todo lo demás lo fue añadiendo el vulgo poco a poco, hasta formar una agigantada fábula». Queda un ingrediente que casi nadie señala: la iglesia estaba dedicada a san Cebrián, es decir, san Cipriano de Antioquía, que según su leyenda hagiográfica fue mago antes que obispo y mártir, y que da nombre al Libro de san Cipriano, un recetario de conjuros de enorme difusión en la España del XVI. Una cripta oscura bajo un templo consagrado al santo de los hechiceros era, sencillamente, irresistible.

¿Se puede visitar La Cueva de Salamanca?

La Cueva de Salamanca está en la cuesta de Carvajal 7, 37008 Salamanca, en la ladera que baja desde el Teso de las Catedrales hacia el arroyo de Santo Domingo. La ficha oficial de Turismo de Salamanca, consultada el 24 de septiembre de 2026, da un horario de lunes a domingo de 08:30 a 21:30, entrada gratuita y una visita de unos 30 minutos. Avisa de que «la gran pendiente de la calle dificulta el acceso con silla de ruedas» y de que, dentro del recinto, «sólo es accesible el primer tramo (cripta)». Como contacto figura la oficina de turismo de la Plaza Mayor 32, 37002 Salamanca (923 21 83 42). La «cueva» del nombre es la cripta de la iglesia medieval de San Cebrián, y según la ficha es lo único que ha llegado a nuestros días de aquel templo. El recorrido tiene tres paradas con carteles informativos. La primera es la iglesia con su cripta: las excavaciones y restauraciones de los años noventa sacaron a la luz los muros perimetrales de una iglesia pequeña, de planta rectangular y cabecera semicircular, y hoy una reja tapa el acceso a la cripta desde la iglesia. En este tramo está el busto de Diego de Torres Villarroel que hizo el escultor Agustín Casillas, representado de frente, «con ojos demoniacos» y con una lechuza en el reverso. La segunda es el lienzo de la Cerca Vieja, la muralla del siglo XII, entre el ábside y la torre. La tercera es la torre del Marqués de Villena, del siglo XV, apoyada sobre uno de los cubos de la primitiva cerca y única estructura en pie del palacio mayorazgo de los Albandea; unas escaleras metálicas suben por dentro hasta un mirador. Sobre la muralla, entre la iglesia y la torre, un edificio moderno de hormigón alberga el aula musealizada, y al otro lado de la calle está el Centro de Interpretación de las Murallas Salmantinas, Salmantica Sedes Antiqua Castrorum. La Gaceta de Salamanca informó el 30 de junio de 2026 de que la intervención municipal de 46.402 euros contra las humedades crónicas del enclave estaba «prácticamente finalizada» y a falta de los últimos remates. Incluyó la impermeabilización del enlosado de la plaza de Carvajal y de los muros de la Cueva, un canalón de cobre, iluminación nueva, la reparación de las carpinterías metálicas y el tratamiento de los sillares dañados por sales y filtraciones. El periódico la contaba como la tercera intervención en apenas siete años, tras la de 2019, con una aportación del Ministerio de Cultura, y la de 2021, valorada en 25.200 euros, ambas dirigidas contra la vegetación, las manchas y las eflorescencias salinas de la piedra de Villamayor. La Comisión Territorial de Patrimonio Cultural aprobó el proyecto con la exigencia de un plan quinquenal de mantenimiento.

Fuentes consultadas

  1. Benito Jerónimo Feijoo, «Cuevas de Salamanca, y Toledo, y Mágica de España (Teatro crítico universal, tomo VII, discurso VII)» — Madrid, 1736 (edición digitalizada, Filosofía en español), 1736 libro
  2. Miguel de Cervantes Saavedra, «Entremés de la cueva de Salamanca (Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados, 1615)» — Los entremeses (edición digitalizada, Project Gutenberg), 1615 libro
  3. Mónica Marcos Celestino, «El marqués de Villena y la cueva de Salamanca. Entre literatura, historia y leyenda» — Estudios Humanísticos. Filología, 26, pp. 155-186, Universidad de León, 2004 académico
  4. Lillian von der Walde Moheno, «Magia y artilugios teatrales en «La cueva de Salamanca», de Juan Ruiz de Alarcón» — Hipogrifo. Revista de literatura y cultura del Siglo de Oro, 11.1, pp. 865-880, 2023 académico
  5. Marcela Beatriz Sosa, «Lo que quería ver el Marqués de Villena de Rojas Zorrilla, espejo metateatral de (espectadores) discretos» — IX Congreso Argentino de Hispanistas, Universidad Nacional de La Plata, 2010 académico
  6. J. C. Misiego Tejeda, G. J. Marcos Contreras, M. Á. Martín Carbajo, F. J. Sanz García y F. J. Pérez Rodríguez, «La iglesia de San Cebrián o la cueva de Salamanca» — Numantia. Arqueología en Castilla y León, 6, pp. 225-240, 1994 académico
  7. Turismo de Salamanca, Ayuntamiento de Salamanca, «Cueva de Salamanca — ficha oficial del monumento (dirección, horarios, accesibilidad y recorrido)» — salamanca.es, 2026 web
  8. Belén Hernández, «La Cueva y la puerta de San Vicente encaran su apertura» — La Gaceta de Salamanca, 2026 hemeroteca
  9. Daniel Granada, «Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata (capítulos VIII y IX, «Salamancas»)» — Montevideo, Barreiro y Ramos (ejemplar digitalizado, Internet Archive), 1896 libro
  10. Judith Farberman, «Las salamancas mestizas. De las religiones indígenas a la hechicería colonial. Santiago del Estero, siglo XVIII» — Memoria Americana, 13, Universidad de Buenos Aires, 2005 académico

Ficha revisada por V. Serrano el 29/07/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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