📜 LEYENDA · EXP. Nº3657 ACTIVO

Mari de Anboto

Mari de Anboto es una leyenda de Anboto, Bizkaia/Álava, ES —un relato popular transmitido de generación en generación—. Este expediente reúne su origen, su significado y cómo se ha contado.

¿De dónde viene la leyenda de Mari de Anboto?

Ubicación
Anboto, Bizkaia/Álava, ES
Tipo de leyenda
Mito
Coordenadas
43.089, -2.595
Testimonios
0
Última actualización
UBICACIÓN

¿Cuál es la leyenda de Mari de Anboto?

Mari de Anboto es la gran señora de la mitología vasca, de la que se dice que habita en una cueva alta de la pared este del Anboto, una mole caliza de 1.331 metros del Parque Natural de Urkiola, en el límite entre Bizkaia y Álava. El nombre único con el que hoy la conoce el mundo se fijó en el siglo XX: fue José Miguel de Barandiarán quien reunió bajo la palabra Mari a la Señora de Anboto, la Dama de Aralar, la Bruja de Aketegi y a otras figuras locales, y quien escribió en 1972 que se sentía inclinado a considerarla un símbolo, quizá personificación, de la Tierra. El texto fechable más antiguo de esta historia no es vasco ni habla de una diosa: es una genealogía portuguesa de hacia 1340 en la que una mujer con un pie hendido se casa con el señor de Vizcaya a condición de que él no se santigüe jamás. El propio Anboto llega a la imprenta hacia 1516 como sitio de brujas, no de una dama. Esta ficha reconstruye la cadena eslabón a eslabón, pone nombre a los pastores, ferrones y molineros que contaron los relatos entre 1920 y 1985, y explica la nube de la cumbre.
Mari de Anboto, Anboto, Bizkaia/Álava, España
La cresta caliza del Anboto, en el límite entre Bizkaia y Álava. La cueva de Mari se abre cerca de la cumbre y no se ve en esta vista. Fotografía de Iñaki LLM, 2006. Imagen: Iñaki LLM · CC BY-SA 3.0

¿Cuál es la historia de Mari de Anboto?

El documento más antiguo de esta leyenda es portugués y no nombra ni a Mari ni al Anboto. Entre 1340 y 1344, aproximadamente, Pedro Afonso, conde de Barcelos, compuso el Livro de Linhagens. Su título IX cuenta cómo don Diego López, señor de Vizcaya, esperando en un puesto de caza a que llegara el jabalí, oyó «cantar muita alta voz ũa molher» y dejó el puesto para subir a la peña donde ella estaba. Era «mui fermosa» y estaba «mui bem vistida», y tenía un pie hendido: «pee forcado». Le propuso matrimonio en cuanto ella le dijo que era «ũa molher de muito alto linhagem», y ella aceptó con una condición, «que nunca se santificasse»: que él no se santiguara jamás. Vivieron juntos mucho tiempo y tuvieron dos hijos, un varón llamado Enheguez Guerra y una hija. El pacto se rompió por una pelea de perros: el alano mató a la podenca por un hueso, don Diego se santiguó y exclamó «Santa Maria val, quem vio nunca tal cousa!», y ella «foi-se pera as montanhas, em guisa que a nom virom mais, nem a filha», se marchó a las montañas y no la volvieron a ver, llevándose a la hija, mientras el padre retenía al hijo. Años después, con don Diego preso en Toledo, Enheguez subió solo a la peña y su madre habló antes de que él pudiera —«Filho, Enheguez Guerra, vem a mim ca bem sei eu ao que vẽes»— y le dio un caballo que lo llevó a Toledo y de vuelta antes de la noche. Ella sigue siendo, en su roca, un oráculo al que se sube a consultar: eso sí llega hasta los relatos del siglo XX. (Citas de la edición de José Mattoso, a través del estudio de Ana Maria Soares de 2011.) Ese texto es una carta de legitimidad dinástica para los Haro, señores de Vizcaya, no una pieza de religión de montaña. El monte no tiene nombre en él y la palabra Mari no aparece: en las veinticuatro páginas que Soares dedica a la leyenda, «Amboto»/«Anboto» sale cero veces y «Mari» cero veces, frente a treinta y ocho apariciones de «Biscaia». Los medievalistas emparientan a esta dama con Melusina, y José Ramón Prieto Lasa dedicó en 1995 un libro entero a las leyendas de los señores de Vizcaya y la tradición melusiniana. El Anboto entra en la letra impresa como sitio de brujas, y allí no hay ninguna dama El monte llega a los papeles unos ciento setenta y cinco años más tarde, y en otro registro. Hacia 1516-1517, una «guía» escrita para que el joven Carlos I conociera al pueblo que iba a regir menciona de pasada «una seta y eregia a que llamaron la caridad de los de Anboto». En 1518, Juan de Padilla, el Cartujano, rima «las Durangas de embote» entre los hechiceros de sus Doze triumphos de los doze Apóstoles. En 1535, Gonzalo Fernández de Oviedo cuela en su Historia general y natural de las Indias a «esotros herejes de la peña de Amboto e sus secuaces de la condenada secta de fray Alonso de Mella». Y en 1543, fray Juan de Zumárraga —nacido en Durango en 1468, ya obispo de México— escribe sobre «las bruxas o sorguinas que dizen que hay en nuestra tierra»: ese que dizen que hay es su escepticismo asomando, porque tenía el asunto por engaño de gente ignorante y pedía predicadores, no inquisidores. Los cuatro textos hablan de herejía y brujería en el Duranguesado. Ninguno menciona a una divinidad, ni a una habitante de cuevas, ni al tiempo atmosférico. Iñaki Bazán Díaz los reunió en 2011 justamente para preguntarse si las célebres «brujas del Amboto de 1507» ocurrieron siquiera, y dejó el signo de interrogación en el título. Mientras tanto, el cronista vasco que sí puso por escrito el origen del señorío contó otra cosa. Lope García de Salazar redactó sus Bienandanzas e fortunas entre 1471 y 1476, encerrado por sus propios hijos en la torre de Muñatones. El libro XX abre la dinastía no con un hada, sino con Jaun Zuria, la batalla de Arrigorriaga y los dos lobos con sendos carneros en la boca que quedaron por armas de Vizcaya. Barriendo la edición digital de los veinticinco libros, la cadena a[nm]boto da cero apariciones; el control positivo hecho en la misma pasada sobre «Vizcaya» da 98 solo en el libro XX. Quién contó de verdad estas historias Todo lo citable de Mari como creencia viva lo contaron paisanos con nombre y apellidos en el siglo XX, en un puñado de valles vizcaínos y guipuzcoanos. La primera versión impresa del relato más conocido —entrar de frente y salir de espaldas— se la tomó José Miguel de Barandiarán a Pedro Sudupe, en Azkoitia, en 1920, con el título «Un rito extraño»: la Dama de Amboto le roba el carnero a un pastor, un fraile le explica cómo andar dentro de su cueva y el hombre saca al animal hacia atrás tirándole de los cuernos, mientras ella le dice que, de otro modo, allí se habría quedado. En 1927, Fermín Garbayo encargó a un paisano de Bergara que recogiera y transcribiera para Barandiarán el más completo de los textos tempranos: a un ferrón de Zubillaga, en Oñati, se le para la ferrería, sube a ver a la Señora, la encuentra peinándose en una hermosa habitación y ella le manda que un fraile bendiga la ferrería. El narrador añade que muchos hombres la han visto por los aires «con fuego en forma de un montón de paja», que «al introducirse en la cueva de Amboto, deja nube y produce un trueno sordo», y que esa cueva «se halla por el lado de Elorrio y es tan grande como la puerta de una casa». Más tarde, Juan Manuel Etxebarria recogió en el entorno del Gorbeia: de Juan Akesolo, de 64 años, de Bertzuten (Zeberio), en 1979, el molinero que maldijo a la Señora y se quedó sin molino hasta que se arrodilló a pedirle perdón; de Simón Goyoaga, de 77 años, de Ipiñaburu (Zeanuri), en 1979, el arrendatario a quien mandan a la cueva de Supelegor porque el dueño tenía miedo de ir, y que la encuentra hilando con un novillo echado a su lado; de Petra Etxebarria, de 86 años, de la parte baja de Orozko, en 1983, cuatro frases en vizcaíno sobre la Señora peinándose y el sol saliendo cuando terminaba; y de Txomin Aretxaga, de 75 años, de Santa Cruz (Zeberio), en 1985, el seminarista al que echan de la cueva con un vaso de oro que él mismo había bendecido. Resurrección María de Azkue había publicado su propia cosecha como Euskalerriaren Yakintza en Espasa-Calpe, en 1935 y 1942, donde ella aparece como Anbotoko Mari y como Muruko Damea, la Dama de Muru. El momento en que un puñado de damas locales se convirtió en una sola diosa No tenía un nombre único. Era la Señora de Anboto, la Dama de Aralar, la Bruja de Aketegi, la Dama de Murumendi. El nombre con el que hoy la conoce el mundo se lo pusieron. En su Diccionario ilustrado de mitología vasca (1972), Barandiarán escribió que, entre los componentes de sus nombres actuales, «el más antiguo parece ser Mari»; agrupó bajo esa palabra a las figuras locales, contó más de cuarenta cuevas atribuidas a ella en Euskal Herria y concluyó —con mucha más prudencia que el uso que después se le dio— que, atendiendo a sus atributos, «nos sentimos inclinados a considerarlo como un símbolo —quizá personificación— de la Tierra» (pp. 423 y 430). Juan Inazio Hartsuaga lo dice sin rodeos en la enciclopedia Auñamendi: fue Barandiarán quien estableció el nombre unificado Mari por encima de la Señora de Anboto, la Dama de Aralar, la Bruja de Aketegi y las demás. Esa es la fecha decisiva de esta ficha, y es 1972.

Cronología: los hechos documentados de Mari de Anboto

  1. Hacia 1340-1344 Pedro Afonso, conde de Barcelos, compone el Livro de Linhagens. Su título IX casa a don Diego López, señor de Vizcaya, con una mujer hallada cantando en una peña, hermosa, ricamente vestida y con un pie hendido, con la condición de que él no se santigüe jamás. Es el texto fechable más antiguo de la leyenda, y no nombra ni el monte ni a Mari.
  2. 1471-1476 Lope García de Salazar escribe las Bienandanzas e fortunas encerrado por sus hijos en la torre de Muñatones. El libro XX abre el señorío de Vizcaya con Jaun Zuria y la batalla de Arrigorriaga, no con un hada: un barrido de la edición digital de los veinticinco libros da cero apariciones de Amboto o Anboto, con 98 de «Vizcaya» solo en el libro XX como control.
  3. Hacia 1516-1517 Una guía escrita para que el joven Carlos I conociera al pueblo que iba a regir alude de pasada a «una seta y eregia a que llamaron la caridad de los de Anboto». Es la aparición fechable más antigua del topónimo en este contexto, y habla de una secta, no de una dama.
  4. 1518 y 1535 Juan de Padilla, el Cartujano, rima «las Durangas de embote» entre los hechiceros de Los doze triumphos de los doze Apóstoles. Diecisiete años después, Gonzalo Fernández de Oviedo cita en su Historia general y natural de las Indias a «esotros herejes de la peña de Amboto e sus secuaces de la condenada secta de fray Alonso de Mella», confundiendo a los herejes de Durango con las brujas del Amboto: un error que muchos historiadores posteriores repitieron.
  5. 1543 Fray Juan de Zumárraga, nacido en Durango en 1468 y ya obispo de México, escribe en su Regla cristiana breve sobre «las bruxas o sorguinas que dizen que hay en nuestra tierra». Ese «que dizen que hay» es su propio escepticismo: tenía el asunto por engaño y pedía predicadores antes que inquisidores.
  6. 1869 y 1871 La Dama de Amboto se hace literatura: Sotero Manteli publica en Vitoria, en 1869, La dama de Amboto: leyenda escrita sobre tradiciones vascongadas, y Gertrudis Gómez de Avellaneda imprime en Madrid, en 1871, La dama de Amboto. Tradición vasca. Las dos preceden en medio siglo al primer relato recogido de un informante con nombre.
  7. 1920 José Miguel de Barandiarán recoge de Pedro Sudupe, en Azkoitia, el relato que publicó como «Un rito extraño»: la Dama de Amboto le roba el carnero a un pastor, un fraile le enseña a entrar de frente y salir andando hacia atrás, y el hombre saca al animal por los cuernos mientras ella le dice que, si no, allí se habría quedado.
  8. 1927 A petición de Fermín Garbayo, un paisano de Bergara recoge y transcribe para Barandiarán el más completo de los textos tempranos: a un ferrón de Zubillaga, en Oñati, se le para la ferrería y consulta a la Señora, que está peinándose. El narrador añade que se la ha visto por los aires «con fuego en forma de un montón de paja» y que «al introducirse en la cueva de Amboto, deja nube y produce un trueno sordo», cueva que «se halla por el lado de Elorrio y es tan grande como la puerta de una casa».
  9. 1968 El documental Ama Lur, de Fernando Larruquert y Néstor Basterretxea, hace famosa la palabra Amalur, que no tiene constancia en la tradición oral recogida. Andrés Ortiz-Osés la fundirá después con Mari y escribirá en Antropología simbólica vasca (1985: 85) que «en el principio era Amalur y Amalur era Mari y Mari era todas las cosas».
  10. 1972 En el Diccionario ilustrado de mitología vasca, Barandiarán escribe que, entre los componentes de sus nombres actuales, «el más antiguo parece ser Mari»; agrupa bajo esa palabra a la Señora de Anboto, la Dama de Aralar, la Bruja de Aketegi y las demás, cuenta más de cuarenta cuevas atribuidas a ella y concluye que se siente inclinado a considerarla un símbolo, quizá personificación, de la Tierra (pp. 423 y 430). Esa es la fecha en que un puñado de damas locales se convierte en una sola diosa.
  11. 1981 Juan Aranzadi sostiene en Milenarismo vasco que de los procesos de brujería conservados no cabe deducir que ninguna persona encausada practicara culto a Mari ni a ningún otro numen prehistórico. Bazán Díaz respalda el argumento en 2011: sustrato ancestral difuso, sí; culto pagano estable y coherente, no.
  12. 1979-1985 Juan Manuel Etxebarria recoge cuatro relatos de Mari de vecinos con nombre del entorno del Gorbeia: Juan Akesolo (64 años, Bertzuten, Zeberio, 1979), Simón Goyoaga (77, Ipiñaburu, Zeanuri, 1979), Petra Etxebarria (86, parte baja de Orozko, 1983) y Txomin Aretxaga (75, Santa Cruz, Zeberio, 1985). Son las últimas voces con nombre de esta ficha, y la única voz de mujer que hay en ella es la de Petra Etxebarria.

¿Hay una explicación racional para Mari de Anboto?

La nube de la cumbre El Anboto es una mole compacta de caliza gris, llena de restos de corales coloniales y conchas, que llega a 1.331 m con 734 m de prominencia y cae por el norte en paredes de más de 300 m sobre el valle de Arrazola, a unos veinticinco kilómetros del Cantábrico. El aire atlántico húmedo empujado contra una pared así no tiene otro sitio adonde ir que hacia arriba; se enfría al ascender, alcanza la saturación cerca de la cresta y condensa allí. Por eso puede quedarse un gorro de nube sobre la cumbre durante horas mientras los valles siguen secos y con sol: el aire que la forma se repone continuamente desde abajo. No hace falta ningún inquilino. Lo que merece decirse es que la tradición tampoco separaba las dos cosas: en el texto de Bergara de 1927 la nube no es la prueba de que Mari exista, es la señal de que acaba de entrar —«al introducirse en la cueva de Amboto, deja nube y produce un trueno sordo»—. La lectura de mitología comparada de Hartsuaga (2004) llega al mismo sitio por el otro extremo y trata a Mari directamente como la personificación del tiempo atmosférico. «Prerromana», «precristiana» y lo que aguantan los documentos La afirmación de que Mari es una divinidad prerromana venerada en continuidad ininterrumpida es lo único de esta historia que ningún documento sostiene. Juan Aranzadi argumentó en Milenarismo vasco (1981) que de los procesos de brujería conservados no puede deducirse que ninguna de las personas encausadas practicara culto alguno a Mari ni a ningún otro numen prehistórico. Bazán Díaz, repasando en 2011 el registro medieval y moderno, pone el límite de la prueba en una frase: pervivencia más o menos difusa de un sustrato cultural ancestral, sí, pero no existencia de un culto pagano estable y coherente. Hasta el nombre está en discusión entre quienes mejor podían juzgarlo. Barandiarán negó que Mari fuera una abreviatura de María y lo emparentó con formas vascas antiguas como Mairi, Maide o Maindi; Emeterio Sorazu (1980) consideró posible el origen cristiano; y la cuestión sigue lo bastante viva como para que Jesús Huarte titulara un trabajo de 2005 «Marirengandik Mariarengana», de Mari hacia María. Una palabra que nació en un cine La medición más limpia de lo reciente que es parte de todo esto tiene que ver con Amalur, «madre tierra», que hoy se da por el verdadero nombre de Mari. Jon Mentxakatorre señala que Amalur no tiene constancia ninguna en la tradición recogida: debe su fama al documental Ama Lur de Fernando Larruquert y Néstor Basterretxea, de 1968, tras el cual Andrés Ortiz-Osés lo fundió con Mari y escribió, en Antropología simbólica vasca (1985: 85), «en el principio era Amalur (la Madre Tierra) y Amalur era Mari (la Gran Diosa Madre) y Mari era todas las cosas». Eso es una frase de 1985 sobre una palabra de 1968, no un eco del Neolítico. Documentado hay bastante: seis informantes con nombre entre 1920 y 1985, un cuerpo de relatos con una norma interna estricta sobre cómo andar dentro de su cueva, el pedrisco entendido como la devolución de los bienes que sus dueños habían negado, y un monte que se fabrica su propia nube. Nada de eso necesita una diosa anterior a los romanos para merecer que se lea.

¿Se puede visitar Mari de Anboto?

El Anboto (1.331 m) es la cumbre más alta de la sierra de Urkiola, en el límite entre Bizkaia y Álava, dentro del Parque Natural de Urkiola. La aproximación más suave arranca en el puerto de Urkiola, en la BI-623 entre Durango y Vitoria-Gasteiz, donde el santuario de San Antonio está a unos 700 m y hay aparcamientos acondicionados; desde ahí la vertiente sur es una caminata de montaña larga pero corriente, de unas dos a tres horas. La aproximación norte, desde Arrazola y Axpe, en el valle de Atxondo, empieza cerca de los 250 m y supone alrededor de mil metros de desnivel por terreno expuesto; un tercer arranque es el de Aramaio, en la parte alavesa, cerca de los 312 m. La cueva de Mari no es una visita: es una escalada. Mariurrika kobea, o Mariren koba, se abre en la pared vertical del este por encima de los 1.000 m —Bazán Díaz la sitúa a 1.200 m—, poco por debajo de la cumbre, y se llega a ella por una repisa estrecha y empinada que se atraviesa desde el túnel de Gerriko Koba. Es terreno de montaña con exposición real y allí ha muerto gente. No lo intente por haberlo leído aquí: vaya con quien conozca la travesía y con tiempo estable, o mírela desde el valle de Arrazola, que es desde donde el narrador de 1927 decía que se veía la cueva. El centro de acogida e interpretación Toki Alai del Parque Natural de Urkiola está a unos 200 metros por encima del puerto, subiendo por una pista de hormigón que sale del aparcamiento del restaurante Bizkarra, frente a todo el cresterío de Alluitz al Anboto; abre de 10:30 a 14:30 y de 15:30 a 17:30 en otoño, invierno y primavera, y de 10:30 a 14:30 y de 16:00 a 18:00 en verano, y solo cierra el 25 de diciembre y el 1 y el 6 de enero (teléfono 946 814 155). Conviene confirmar el horario antes de viajar. En la cara norte, las ventanas kársticas llamadas el Ojo del Ezkilar y las Bentanetan se alinean dos veces al año con la ermita de San Roque, abajo en Arrazola. Una corrección que conviene llevarse puesta: Supelegor, la otra cueva de estos relatos, no está en el Anboto. Está en el macizo de Itxina, dentro del Parque Natural del Gorbeia, sobre Orozko y Zeanuri: otro monte y otra jornada. La tradición hace que la Señora se mude de uno a otro, que es exactamente por lo que se confunden.

Fuentes consultadas

  1. Ana Maria Soares, «A Lenda da Dama do Pé de Cabra: do Livro de Linhagens do Conde D. Pedro de Barcelos a Alexandre Herculano (cita la edición de José Mattoso, 2001: 204-205)» — Limite. Revista de Estudios Portugueses y de la Lusofonía, n.º 5, pp. 7-30, 2011 académico
  2. Iñaki Bazán Díaz, «Superstición y brujería en el Duranguesado a fines de la Edad Media: ¿Amboto 1507?» — Clio & Crimen. Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, n.º 8, pp. 191-224, 2011 académico
  3. Jon Mentxakatorre Odriozola, «La Dama de Amboto y el infierno. Mito y fórmula (versión ampliada de «Anbotoko Dama eta infernua», Euskera 60/2, 2015)» — Revista de Folklore (Fundación Joaquín Díaz), n.º 430, pp. 4-34, 2017 académico
  4. José Miguel de Barandiarán, «Diccionario ilustrado de mitología vasca (Obras completas, vol. 1), pp. 338-339, 423, 425 y 430» — La Gran Enciclopedia Vasca, Bilbao (consultado a través de Mentxakatorre 2017 y de la Auñamendi), 1972 libro
  5. José Miguel de Barandiarán, «Eusko Folklore (Obras completas, vol. 2): «Un rito extraño», p. 16, recogido de Pedro Sudupe en Azkoitia en 1920, y el texto de Bergara de 1927, p. 407, con sus notas» — La Gran Enciclopedia Vasca, Bilbao (citado a través de Mentxakatorre 2017), 1973 libro
  6. Juan Manuel Etxebarria, «Gorbeia inguruko etno-ipuin eta esaundak (textos 19.4, 22.1, 25.5 y 33.1: Juan Akesolo 1979, Txomin Aretxaga 1985, Simón Goyoaga 1979 y Petra Etxebarria 1983)» — Instituto Labayru – BBK, Bilbao (citado a través de Mentxakatorre 2017), 1995 libro
  7. Resurrección María de Azkue, «Euskalerriaren Yakintza / Literatura popular del País Vasco, vol. 1 (Costumbres y supersticiones, 1935) y vol. 2 (Cuentos y leyendas, 1942)» — Espasa-Calpe, Madrid, 1935 libro
  8. Juan Inazio Hartsuaga Uranga, «Mari: concepto, textos e interpretación en la enciclopedia Auñamendi» — Auñamendi Eusko Entziklopedia, Eusko Ikaskuntza, 2002 web
  9. Juan Aranzadi, «Milenarismo vasco: edad de oro, etnia y nativismo (3.ª parte, cap. I)» — Taurus, Madrid (citado a través de Bazán Díaz 2011), 1981 libro
  10. José Ramón Prieto Lasa, «Las leyendas de los señores de Vizcaya y la tradición melusiniana (tesis, Universidad Complutense de Madrid, 1992)» — Fundación Ramón Menéndez Pidal / UAM / Universidad del País Vasco, Madrid, 1995 libro
  11. Lope García de Salazar, «Las bienandanzas e fortunas, libros I-XXV (edición digital; barrido propio: cero apariciones de «Amboto/Anboto», control «Vizcaya» = 98 solo en el libro XX)» — Lemir / Parnaseo, Universitat de València (obra compuesta entre 1471 y 1476), 1476 archivo
  12. Turismo Euskadi (Gobierno Vasco), «Toki Alai, Centro de Acogida e Interpretación del Parque Natural de Urkiola: acceso, horarios y teléfono» — Museos y centros de interpretación de Euskadi, 2026 web

Ficha revisada por V. Serrano el 16/08/2026 · Cómo verificamos el contenido

📎 Fuente: Enigma Atlas

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